19_05_AlcaudeteBaena

Partimos de la población de Alcaudete desde la glorieta donde se encuentra el Hospital, continuando por el antiguo trazado de la carretera N-432, en dirección a Córdoba. Al poco, giramos a la izquierda, por el camino del Cortijo de la Vega, ahora asfaltado. Aquí se hace necesario volver la vista para observar la silueta del castillo de Alcaudete, emplazado estratégicamente en el cruce de caminos que llevan a Jaén y a Granada, y el blanco pueblo tendido en la ladera del monte. A algo más de 1 km. pasaremos bajo el nuevo trazado de la carretera. Y 2 kms. después nos desviaremos de la pista asfaltada por una senda entre el olivar, dejando a la derecha un campo de placas de energía solar y caminando junto a la alambrada. Habrá que tener especial cuidado en este desvío, pues las lluvias podrían hacer que desaparezca.

Este camino nos llevará hasta las ruinas de dos cortijos, la Tejera Baja y la Alta, con vistas a la población de Luque al fondo, recostada sobre la falda del monte. Habrá que tener cuidado en seguir de frente pues el olivar ha hecho desaparecer el trazado del camino. Un poco después seguimos por otro camino a la derecha perpendicular al que traemos, que, tras cruzar un arroyo y en ascenso después, nos dejará en un cortijo junto a la carretera nacional. Subimos a ésta, para salvar los ríos Salado y San Juan, que forman, a partir de aquí, el río Guadajoz, gran protagonista de las dos siguientes jornadas y límite entre las provincias de Jaén y Córdoba.

Más adelante, tomamos una curva del antiguo trazado de la carretera, para subir hasta una nave agrícola. Pasando junto a ella y siguiendo entre el olivar como permanente compañero de viaje, al llegar a una tolva giraremos a la derecha, alcanzando la laguna del Salobral o del Conde, excelente refugio invernal de numerosas aves acuáticas. Cruzaremos el antiguo trazado del ferrocarril, el que fue llamado “Tren del Aceite”, hoy convertido en Vía Verde. Bajaremos enseguida hasta un arroyo y volveremos a salir a una estrecha carretera, marchando unos metros por ella.

 

Al llegar a una gran cortijada, dejaremos esta carretera para seguir por un camino a la izquierda igualmente entre olivares y alguna mancha de encinillas. A 1 km. de este desvío tenemos a la derecha una casa, “El Barranco”, donde llamará la atención los animales existentes, especialmente los pavos reales. Aquí puede el peregrino avituallarse de agua gracias a la amabilidad de los dueños. Cruzaremos de nuevo otra carretera, para seguir de frente, ahora por pista entre campos de olivos, llegando hasta una gran almazara. Más adelante pasaremos sobre el nuevo trazado de la N-432, para entrar en la población junto a la cooperativa olivarera “Nuestra Señora de Guadalupe”.

Inmersa en la Campiña Alta se nos muestra Baena, blanca, extendida, milenaria. En 1.555 se tiene constancia de que existía un hospital, el de la Caridad, que daba albergue a peregrinos y transeúntes, situado junto a la ermita de la Virgen de la Estrella. En ésta se encontraba un lienzo, de no buena calidad, representando a un Jesús Crucificado, el Santo Cristo de Santiago de la Palma del Valle de Tembleque, pintado por dos peregrinos desconocidos en junio de 1.668. Es obligado un paseo por los recodos del barrio de la Almedina y admirar los restos de la fortificación musulmana, templos renacentistas (Santa María la Mayor, Convento de las Dominicas) y otros edificios de carácter civil.

Y si coincidimos en Semana Santa, su fiesta por excelencia, nos llegará el estruendo producido por las bandas de coliblancos y colinegros con el redoblar de sus tambores por las calles y plazas de la ciudad.

 

 

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