Son las cinco de la tarde y hay mucha actividad en el Albergue de Peregrinos de la calle Lucas de Berroa. Las hospitaleras Carmen Garay y Teresa Torres, ambas catalanas de Terrassa, atienden a una peregrina francesa que acaba de llegar. En una de las habitaciones, tres jóvenes alemanes duermen a pierna suelta, a plena luz del día, ajenos por completo al ajetreo de la casa. En la cocina, un jubilado galo se prepara un té, mientras en otro dormitorio, dos chicas españolas hablan en un susurro para no molestar a los que duermen.

Son las hermanas toledanas Alicia y Raquel Rivas Medina. Han llegado en tren por la mañana a la estación de Irun y, tras hacer un poco de turismo, se han dirigido al albergue. Piensan llegar a Santiago «por el Camino de la Costa. Hace unos años, yo hice el Camino francés y fue una experiencia fantástica», dice Raquel, la mayor de las dos. «Este año le dije a mi hermana a ver si se animaba a hacer el Camino de la Costa y aquí estamos, deseando empezar. La idea es disfrutar de la naturaleza y del paisaje, sobre todo del mar, que es algo que nos atrae mucho a la gente de tierra adentro».

Hogar de paso

Alicia y Raquel son dos de las 2.553 personas que han visitado el Albergue de Peregrinos de Irun desde el pasado 1 de abril, fecha habitual de apertura del centro. El albergue irunés está instalado en dos pisos contiguos y comunicados, cedidos por el Ayuntamiento de Irun y gestionados, de manera desinteresada, por la Asociación de Amigos de los Caminos de Santiago. Una recepción, dos baños, dos cocinas, y 26 camas repartidas por literas en seis habitaciones conforman este hogar de paso en el que los peregrinos son recibidos con familiaridad por los hospitaleros de turno. La mano de los Amigos del Camino de Santiago se deja ver en la decoración de cada rincón del albergue. Hay fotos de Xabier Arribas, pinturas de Carlos Las Heras y un cartel tallado en madera de roble por Jose Mari Santamaría.

Demetrio Grijalba, responsable de la asociación en Txingudi es quien anota todos los números del albergue. Así, puede contar que «el 91,7% de los peregrinos llega a Irun para hacer el Camino de la Costa y el resto opta por el Camino Vasco del Interior». Este año han llegado peregrinos de 50 países, «algunos tan lejanos como Australia o tan poco habituales como Siberia o Islandia». La inmensa mayoría de los peregrinos (el 90,2%) ha llegado a Irun a pie y el resto, en bicicleta, aunque ha habido una excepción: «Un peregrino que llegó con un burro y una tienda de campaña y al que la Policía Local condujo a Ibarla para que pernoctara allí».

A algunos de estos peregrinos los han recibido Carmen Garay y Teresa Torres, que cumplen en Irun su décimo día como hospitaleras. Carmen tenía ya experiencia en albergues y Teresa se ha estrenado en el centro de la calle Lucas de Berroa.
Como veterana que es, Carmen tiene una larga lista de anécdotas y, entre todas ellas, destaca la de aquel peregrino que conoció «en 2008, en el albergue de Ponferrada. Era un peregrino más, uno cualquiera. Al marcharse, vino a despedirse y me dijo que era el obispo de Camberra. No era ninguna broma».

Teresa añade la de una joven suiza «que vino muy cargada. Llevaba de todo en exceso y tuvimos que ir sacando de su mochila lo prescindible para que pudiera hacer el Camino». Para la hospitalera debutante, la estancia en el albergue de Lucas de Berroa ha resultado «muy tranquila. Aunque encuentras de todo, por lo general, la gente es ordenada y sabe comportarse».
Carmen apunta que «a veces, vienen grupos de jóvenes algo más ruidosos. Pero si les explicas bien dónde están y les dices que tú estás dedicando tus vacaciones a atenderles, lo entienden perfectamente y no crean problemas».

Teresa no quiere irse de Irun sin decir que su experiencia «ha sido «muy interesante, muy positiva y muy gratificante. La gente agradece mucho la ayuda que recibe, pero nosotras también tenemos mucho que agradecer a los peregrinos».

Fuente: diariovasco.com

 

jesuspalacios
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